Un camino marcado de antemano
Quizá haya dos momentos que pueda considerar el germen de lo que luego sería una pasión.
El primero acontece con apenas tres años, cuando mi madre, con esfuerzo y dosis generosas de paciencia, logra que aprenda a identificar las primeras letras, sílabas, palabras.
Recuerdo aún la sensación de hastío infantil que me producía tener que mirar el papel y asociar cada símbolo con el sonido que ella pronunciaba, repetirlo una y otra vez, y luego enfrentarme a la gran prueba: ¿qué pone aquí?
El segundo aparecería cuatro años más tarde, cuando a través de una compañera de clase me hice con un cuaderno cuyo fin solo intuía. ¿Será un diario? ¿Voy a escribir cuentos? ¿O a copiar al azar textos escritos de un libro o de una revista?
Aquel cuaderno era la libertad: poder escribir lo que se me pasara por la cabeza, algo propio e independiente de los libros y cuadernos del colegio. Necesitaba escribir, aunque no supiera qué.
Décadas más tarde escribir sigue siendo una necesidad. Sumergirme en las profundidades de la lengua en busca del sentido de cada palabra, de cada expresión, de cada etimología…, también. Traté de dedicarme a otras labores acaso más prácticas, pero acabé descubriendo que todos los caminos me llevaban hacia el mismo sitio. Tal vez estaba escrito.
De la vocación al oficio
No creo que en el fondo exista un punto de inflexión claro, un amanecer en el cual despiertas y piensas: he de dedicarme a esto. Los años te enseñan (aunque insistas en ocasiones en creer lo contrario) que la vida es algo dinámico y caprichoso, que hay un componente inevitable que podríamos denominar dejarse llevar. Así pues, los pasos dados hasta ahora, casi siempre con un libro y un cuaderno en la mochila, me han traído hasta la senda de la palabra escrita.
Los grandes maestros
De entre las virtudes a destacar de esta época quizá la más importante (a veces, también, malograda) sea la inmensa cantidad de información disponible, así como la posibilidad de contar con la experiencia y conocimientos de quienes ya han recorrido o recorren sendas similares. Ahí está, por ejemplo, el compendio inabarcable de conocimientos que albergan las obras editadas por la Real Academia Española; tanto se puede decir del Instituto Cervantes. Otras veces son nombres propios cuyo brillo atrae al caminante: José Martínez de Sousa, Daniel Cassany, Manuel Pimentel…, y la lista podría seguir ya que, afortunadamente, abundan referentes de cuyas obras tratar de extraer lo más importante, para poder dar de esta forma lo mejor.
El lenguaje nos ha traído hasta aquí, y nos acompañará adonde sea que vayamos. Gracias a él habremos tenido la oportunidad de conocer una parcela de la realidad conformada por un presente y por lo que otros documentaron acerca del pasado.
Deseando que la visita les sea provechosa, sean ustedes bienvenidos a esta casa.