La corrección de textos

Qué es eso de la corrección de textos

Disfrutas de la lectura de una novela y de pronto te asalta la ausencia de un punto al final de una frase. Tropiezas con la palabra termino, y reparas en que la falta de una tilde en la primera sílaba cambia el significado.

Continúas leyendo y más adelante tropiezas con algo más doloroso aún. Lees que lo echo, echo está, y tiemblas al pensar que alguien creyera que ahorrarse la h estilizaría la expresión.

Caminas por la calle y te detienes a leer el cartel que alguien ha puesto en la parada de autobús, en el que invitan a asistir a una charla donde hablarán sobre

Has entrado en un bar y echas un vistazo al periódico mientras tomas un café. Reparas en un titular según el cual Líbano lanza una ofensiva en la frontera con Soria.

Tales tropiezos se hubieran evitado si un corrector hubiera revisado el texto.

Podríamos definir la corrección como un arte: el arte de dotar de limpieza, legibilidad y normalización un escrito. Un arte en extremo complejo cuyo fin se convierte en una aspiración más que un objetivo, ya que no existe perfección absoluta en un texto. Acaso porque el ser humano es imperfecto solo podemos aproximarnos a lo correcto. Ya se encargará Titivillus de dejar su huella por mucha dedicación e interés que uno vuelque en el proceso.

Los tipos de corrección

Podemos afrontar la corrección de un texto de dos formas:

– Corrección ortotipográfica:

Se trata de revisar el escrito en busca de errores ortográficos, gramaticales y tipográficos. El objetivo es lograr un texto legible, sin faltas de ortografía, que goce de concordancia de género y número y resulte acorde a las normas. Esta revisión incluye tanto el texto como los distintos elementos de la página: pies de foto, encabezados y pies de página, numeración, viñetas, paginación, etc.

– Corrección de estilo:

Mediante esta revisión se busca alcanzar la uniformidad en el texto. Se trata de analizar la gramática y la sintaxis para lograr un texto limpio, claro y con el lenguaje adecuado. Entre otras tareas, es preciso eliminar inconsistencias, sustituir los vocablos imprecisos o ambiguos, comprobar que los tiempos verbales son correctos o reconstruir aquellas frases que lo requieran. Es importante considerar esta modalidad de corrección en su justa medida, dado que se trata de mejorar lo ya escrito y no de reescribirlo: esa es la tarea del autor, y su voz y estilo debe prevalecer por encima de la corrección.

Los beneficios de un texto corregido:

Claridad y eficacia: Un texto sin errores es un texto que dice lo que el autor ha querido decir, sin ambigüedades ni dobles lecturas. Un escrito eficaz es aquel que construye en el lector un significado suponiendo a este el esfuerzo mínimo necesario, empleado el nivel de formalidad adecuado a la situación comunicativa y empleando la cantidad de palabras necesarias.

Una cuestión de imagen: La imagen del autor se ve reforzada cuando el escrito es claro, limpio y coherente. Hay quien lo plantea incluso desde la perspectiva opuesta: un texto deslucido, con faltas de ortografía y articulado en crípticos laberintos semánticos y sintácticos lleva al lector a plantearse no volver a comprar un libro (o leer una noticia, artículo de blog, etc.) de ese autor. Tal vez un texto bien presentado no garantice el éxito al autor, pero lo contrario puede aportarle una fama poco deseable.

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