Corrección de estilo, o cómo sacar más brillo a lo que ya reluce
Aunque a menudo cuando hablamos de corrección de estilo lo primero en que lo pensamos es un texto literario, en realidad sería factible aplicar esta metodología a casi cualquier escrito.
Un escrito legal posee unos rasgos determinados, lenguaje de formalidad alta y semántica extremadamente precisa; el manual de instrucciones de un vehículo ha de seguir una serie de normas de estilo, y debe explicar con el mismo conjunto de reglas de lenguaje cómo se emplea el climatizador o cómo se regulan los espejos exteriores; una TFM habrá de ser redactada según los términos de estilo que marque el departamento o bien el manual de estilo de la propia universidad.
Por su parte, la corrección de estilo de una traducción implica una dificultad añadida: es preciso buscar los giros precisos al traducir, ya que el corrector no puede, en principio, sacar del texto ya traducido el sentido que el autor planteó en origen.
Así pues, corregir el estilo de un texto consiste entrar en el texto, identificar los rasgos que corresponden al autor y al texto mismo según su finalidad, y pulir o mejorar aquello que lo requiera.
El estilo literario
Un texto técnico es menos susceptible de padecer errores de estilo, lo cual no le libra de ello. En cambio, en un texto literario (más probable cuanto más extenso) es posible que existan altibajos en el ritmo de la narración, áreas donde predominan las frases subordinadas complejas mezcladas con frases cortas sin que el argumento justifique tal cambio.
Como toda tarea de la actividad humana, la escritura se ve condicionada a la voz del autor, a su estado de ánimo, a si se encuentra cansado…, y todo ello se verá volcado en el texto. Una vez redactado, un fragmento cualquiera forma parte de la futura obra, aunque tal vez no sea esta su forma definitiva: antes habrá que asegurarse de cuenta lo esperado y lo narra acorde al resto del texto: ahí entra en juego la corrección de estilo.
Algunos de los elementos a revisar durante la corrección de estilo
- Uniformidad en el ritmo del texto.
- Adecuación de las formas verbales. Detección de gerundios inapropiados.
- Reorganización de frases mal estructuradas, imprecisas o ambiguas.
- Eliminación de términos tales como anacronismos, vulgarismos o extranjerismos que no encajen en el estilo que se ha propuesto el autor.
- Procurar la precisión del léxico.
- Búsqueda de la concordancia a lo largo de la narración para evitar cabos sueltos.
- Eliminación de pleonasmos y otras repeticiones innecesarias.
- Reducir si es necesario el exceso de adjetivos adverbializados.